La
exposición
Todo lo hasta ahora comentado en los capítulos
precedentes ha hecho referencia a la cámara y algunos de sus accesorios,
así como a nuestra particular aportación a la composición de la
foto. Llega ahora el momento de ocuparnos del agente externo que
probablemente tenga más importancia: la luz.
Sin luz (natural o artificial) no hay foto, pero
en la correcta interpretación de la iluminación se basa un elevado
porcentaje de posibilidades del éxito final de la fotografía.
¿Qué es la exposición?
Hablamos de exposición cuando nos referimos a
la cantidad de luz que llega a los sensores de nuestra cámara
(o a la película, en la fotografía tradicional), cantidad que
puede ser controlada por medio de la abertura o de la velocidad
de obturación del diafragma.
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Una
mayor o menor abertura regula la intensidad de la luz que
alcanza los sensores.
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Una
más o menos rápida velocidad de obturación determina el tiempo
que dura la exposición a dicha luz
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Nuestra cámara dispone de un sistema de medición
(técnicamente, un exposímetro) que informa en todo momento del
ajuste correcto a realizar. Un mismo valor de exposición podrá
conseguirse mediante diferentes combinaciones de abertura y velocidad,
y la decisión de cuál de las opciones nos conviene más estará
condicionada por:
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que
deseemos utilizar una velocidad de obturación rápida a fin
"paralizar" la imagen lo más posible.
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que
la deseemos lenta para obtener una imagen deliberadamente
borrosa.
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que
nos interese una abertura pequeña porque necesitemos una gran
profundidad de campo.
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que
necesitemos abrir mucho el diafragma porque queramos enfocar
de forma selectiva, despreciando la nitidez del resto de la
foto.
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Es fácil comprender que la correcta exposición
es una de las claves para obtener una buena fotografía. En modo
automático, las cámaras pueden decidir por sí solas la combinación
entre abertura y velocidad aunque, eso sí, sin tener en absoluto
en cuenta los cuatro condicionantes antes indicados. Sin embargo,
la imagen final puede no salir como se esperaba, puesto que la
cámara mide de forma estándar y, por ejemplo, no considera la
posibilidad de que el objeto a fotografiar se esté moviendo con
rapidez.
Cuando la exposición no es correcta, pueden producirse
fallos que a todos nos han sucedido en alguna ocasión. Así, si
la cámara deja entrar demasiada luz se presentará un fenómeno
de sobreexposición, perdiéndose los detalles de las zonas más
brillantes y observándose en cambio con nitidez las zonas que
en teoría debían aparecer en sombra en la fotografía.
Por el contrario, si la luz que alcanza los sensores
es insuficiente se presentará un fenómeno de subexposición, en
el que las zonas más brillantes pierden detalle y las sombras
quedan mucho más oscuras.
Pedro Martínez Recari
Imágenes y textos ©2001 d-foto.com
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