Profundidad
de Campo
El término "profundidad de campo" ha
sido ya nombrado con anterioridad al hablar de los distintos tipos
de objetivos o distancias focales. En esencia, por profundidad
de campo entendemos la distancia que separa a los objetos más
alejados y más próximos que conseguimos enfocar perfectamente
en la fotografía. Sin embargo, no debemos obsesionarnos por el
hecho de lograr una gran profundidad de campo, ya que dependiendo
del tipo de fotografía a realizar, podrá interesarnos que sea
mayor o menor, o lo que es lo mismo, que aparezca enfocado un
mayor o menor porcentaje de la escena (lo que se denomina "plano
de enfoque").

A título de ejemplo, podemos decir que probablemente
nos interese una gran profundidad de campo en la fotografía de
paisajes, ya que en ella solemos intentar que no se pierda el
menor detalle.

En cambio, el hecho de que la profundidad de
campo sea baja en los retratos nos permite enfocar selectivamente
al modelo fotografiado, haciendo así que la mirada centre su atención
en él.
Control de la profundidad de campo
Independientemente del tipo de objetivo escogido
(si éste es intercambiable) o de la distancia focal que elijamos
con nuestro zoom, la regla fundamental en la que siempre nos basaremos
es que a menor abertura del diafragma, mayor profundidad de campo.
Dicho de otro modo, ambos parámetros son inversamente
proporcionales. La consecuencia de ello es que la "luminosidad"
del objetivo se convierte en un factor determinante, ya que cuanto
más luminoso sea más fácil nos resultará fotografiar con diafragmas
muy cerrados, lo cual repercutirá en un más cómodo control de
la profundidad de campo. Si, por el contrario, nuestro objetivo
es poco luminoso (y seguro que más barato), necesitará mucha luz
para trabajar, lo que significa que nos obligará a abrir más el
diafragma perdiendo muchas posibilidades de ampliar el plano de
enfoque. Un recurso será en tal caso reducir la velocidad de obturación
para permitirnos cerrar más el diafragma, pero ello nos limitará
en cuanto al tipo de fotografía a realizar, impidiendo que el
motivo se halle en movimiento y obligándonos a utilizar trípode
y autodisparador.
Los objetivos angulares y normales (distancias
focales cortas) son sin duda los más luminosos y, lógicamente,
los que nos permitirán fotografiar con mayor profundidad de campo.
De ahí que sean recomendados para fotografía panorámica. Los teleobjetivos
(distancias focales largas) suelen ser en cambio poco luminosos,
por lo que resulta más complicado conseguir con ellos un amplio
plano de enfoque. Son más indicados para la fotografía en la que
se pretende extraer el motivo de su entorno (retratos, por ej.).
Por último, los zooms combinan las propiedades de unos y otros,
y estará en función de su calidad el hecho de que sean más o menos
luminosos.
Pedro Martínez Recari
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