Pensada para usuarios que buscan calidad sin
complicaciones técnicas, la OLYMPUS C-21 es otra de esas protagonistas
ya veteranas en fotografía digital.
Hacerse con el funcionamiento de esta cámara no es en
absoluto difícil, ni nos acarreará numerosas horas de lectura del
manual de instrucciones. Y no es así porque se trata de un producto en
el que las prestaciones que ofrece se han visto limitadas casi al
mínimo imprescindible. Esta OLYMPUS no puede, pero ante todo no quiere
competir con modelos fotográficamente más preparados. Su fin principal
es el de aportarle al usuario la posibilidad de fotografiar cuanto
quiera con garantía de calidad. Para ello cuenta con un CCD de 2,1
MegaPixels con una resolución máxima de 1600 x 1200, permitiendo el
archivo de fotografías sin compresión.
De tamaño reducido y compacto la C-21 se deja pues
manejar fácilmente, al no adornarse con excesivos botones ni mantener
un diseño extravagante. Su sistema de encendido y apagado vuelve a
realizarse en este caso deslizando el frontal que protege al objetivo de
la cámara, aunque ahora ese movimiento ya no se produce en sentido
horizontal sino vertical.
El almacenamiento sigue llevándose a cabo mediante
tarjetas SmartMedia de 3,3V y las baterías que emplea pueden ser dos
pilas del tipo AA de NiMH y recargables a causa del consumo, o bien una
pila de litio de 3V, batería ésta con la que se suministra la cámara
y que posee una duración sensiblemente superior a la proporcionada por
otros tipos de pilas. No está de más advertir de la imposibilidad de
recargar esta batería de litio, lo que nos obligará a adquirir una
nueva cada vez que se agote la que tengamos en uso o a utilizar otras
recargables.
Su objetivo de calidad, con focal equivalente a 38 mm,
viene desprovisto de zoom óptico aunque la cámara sí proporciona la
opción de emplear un zoom digital de hasta 2,5X. Posee igualmente
balance para blancos, disparo en ráfagas (con capacidad de almacenar un
buen número de fotografías, aunque ineludiblemente deba realizarse a
una resolución bastante sencilla), y visor óptico entre otras
características. Los programas de exposición se ven obligados siempre
a funcionar en modo automático, permitiendo tan sólo la posibilidad de
compensar la exposición.
La C-21 pasa en definitiva por ser una cámara
manejable y funcional, sin que ello haga mella en la calidad del
producto.
E. J. Rosique
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